Marta León, experta en salud de la microbiota: «Beber demasiada agua mientras se come puede frenar la digestión»

Marta León, experta en salud de la microbiota: "Beber demasiada agua mientras se come puede frenar la digestión"

Hay quien cree que un trago tras cada bocado “limpia” la boca, o que beber más es siempre sinónimo de salud. Marta León, experta en salud de la microbiota, propone un matiz que levanta cejas: “Beber demasiada agua mientras se come puede frenar la digestión”. La idea incomoda un poco, sí. Y por eso merece una mirada honesta.

El mediodía cae sobre una terraza pequeña, platos humeantes y conversaciones cruzadas. En la mesa de al lado, alguien vacía la jarra como quien apaga un incendio, sorbo tras sorbo, sin ritmo. El camarero trae más agua, el vaso vuelve a subir, y entre risas llega el pesado “uff” de después: barriga tensa, sensación de balón, ganas de echarse hacia atrás en la silla. El vaso lleno no siempre es la mejor compañía. ¿Y si el problema no era la comida, sino el agua?

Lo que pasa en la mesa

La escena se repite más de lo que pensamos: comemos con prisa y bebemos como si hubiera que apagar un fuego interno. Ese ir y venir de agua no solo empuja la comida; también cambia el ritmo del estómago. Marta León lo explica con claridad: si el cuerpo está esforzándose en descomponer, muchos tragos seguidos pueden diluir los jugos gástricos y alargar el proceso. No es una alarma roja, es un semáforo ámbar.

Piensa en Clara, 34 años, que vive mirando el reloj entre reuniones. Comía ensalada a toda velocidad y bebía medio litro para “ayudarla a bajar”. Al rato, venía el cansancio y ese peso que no encaja con un plato ligero. Cuando probó a tomar solo sorbos, y a hidratarse antes y después, la tarde dejó de arrastrarse. Su hambre se ordenó. Su barriga también. ¿Casualidad o señal del cuerpo?

Hay una lógica detrás de esta sensación. La digestión empieza en la boca, con la masticación y enzimas que rompen lo que comemos. En el estómago, el ácido y las enzimas siguen el trabajo, y necesitan un ambiente con cierta fuerza. Si inundamos la escena, el pH sube un poco y el proceso se hace menos preciso, como música que pierde compás. **No se trata de prohibir el agua**, sino de respetar la coreografía natural.

Cómo beber sin boicotear tu digestión

Una pauta sencilla: llega a la mesa ya con sed resuelta. Un vaso de agua 20-30 minutos antes ayuda a que el cuerpo esté tranquilo, y durante la comida, sorbos pequeños, no tragos largos. Entre bocado y bocado, pausa, mastica, respira. Después, otro vaso a la hora, cuando el estómago ha avanzado. Es un gesto mínimo que cambia la película sin convertirla en norma rígida.

Hay errores que se cuelan con buena intención. Beber mucho para “llenar” y comer menos, o para compensar comidas saladas, suele dejarte con una digestión más lenta. Todos hemos vivido ese momento en el que la mesa pide calma y el vaso pide velocidad. Seamos honestos: nadie hace eso todos los días. Lo posible es ajustar el ritmo, cuidar la masticación y escuchar si el cuerpo quiere agua… o solo un respiro.

El mensaje de Marta León no es dogma, es un aviso amable. **Tu estómago no es una piscina** y tu microbiota agradece rutinas que no la desbordan.

“Beber demasiada agua mientras se come puede frenar la digestión”, recuerda Marta León. “Mejor sorbos y atención al hambre real, para que la microbiota trabaje a favor, no a remolque”.

  • Escucha la sed: si no hay sed, sorbos. Si hay sed intensa, revisa el antes y el después.
  • Marca pausas: deja el vaso en la mesa tras cada sorbo y vuelve a masticar.
  • Observa señales: pesadez, gases o somnolencia postcomida pueden ser pistas.

Mirar la microbiota con otros ojos

La microbiota no vive en abstracto; vive contigo, en tus horarios, en tu mesa, en tu manera de masticar y de beber. Los microbios del intestino responden al cómo, no solo al qué, y el agua sigue esa regla. Si bebes con calma, el estómago trabaja con su tempo, el intestino recibe menos “oleajes” y tú notas más ligereza. **La microbiota agradece los ritmos**. No hablamos de una fórmula mágica, sino de una atención cotidiana: una sobremesa más lenta, un sorbo que espera, una cena sin prisa. La próxima vez que mires la jarra, quizá recuerdes esta idea simple: el agua es aliada, siempre que no le pidamos que haga el trabajo del estómago. Y ahí, tal vez, empiece otra relación con tu digestión.

Punto clave Detalle Interés para el lector
Ritmo de agua en la comida Sorbos pequeños, no tragos largos Menos pesadez y más energía tras comer
Momento ideal Un vaso 20-30 min antes y otro 60 min después Apoya la digestión sin “inundarla”
Señales del cuerpo Observa pesadez, gases y somnolencia Ajusta hábitos sin dietas estrictas

FAQ :

  • ¿Entonces no debo beber nada durante la comida?No va de prohibir. Va de sorbos, no de grandes tragos. Si hay sed, bebe, pero con calma.
  • ¿El agua realmente “diluye” los jugos gástricos?Muchos tragos seguidos pueden elevar el pH y ralentizar un poco el proceso. Sucede menos con sorbos moderados.
  • ¿Y si hago deporte y tengo mucha sed al comer?Hidrátate antes de sentarte, repón con sorbos y completa después. Ajusta la sal y los electrolitos fuera de la comida.
  • ¿Funciona igual con otras bebidas?Las bebidas azucaradas y el alcohol complican más la digestión. Infusiones templadas y agua, mejor en sorbos.
  • ¿Qué señales me indican que me paso de agua al comer?Pesadez rápida, sensación de “balón”, eructos frecuentes y sueño inmediato tras la comida.

1 comentario en “Marta León, experta en salud de la microbiota: «Beber demasiada agua mientras se come puede frenar la digestión»”

  1. Merci bcp pour cet angle nuancé ! On entend partout “bois plus d’eau” sans parler du moment et du rythme. Depuis que je bois un verre 20–30 min avant et seulement de petites gorgées pendant, ma digéstion est plus calme, presque plus de somnolence post‑repas. Et en mâchant davantage, l’appétit est mieux régulé. Ce n’est pas une interdiction, juste de l’attention. Article clair et utile.

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